Mi nombre es Martina, me crié en una familia con padres cristianos, conocí a Dios de pequeña, le servía a través de ministerios, le era fiel, le amaba. Pero a mis 16 años equivocadamente me alejé del Señor. Estaba muy enojada, no entendía por qué Él permitía que pasara por un momento feo en mi vida. Sentía que me había dejado sola, que no escuchaba mis oraciones, sentía la soledad en mi corazón y le echaba la culpa a Dios por haberme “abandonado”. Decidida, me alejé de Su camino, empecé a hacer cosas que sabía que no le agradaban. Me sentía enojada con todo y con todos, peleaba mucho con mis padres, sentía que mi vida no tenía sentido, y hasta me empecé a sentir mal conmigo misma.

Con el paso del tiempo me di cuenta que Dios había puesto una prueba en mi vida y en mi corazón, y yo había sido débil. Cuando quise volver al camino del Señor, se me hizo difícil; sentía que tenía que dejar todas las cosas que me hacían mal para retomar mi vida cristiana. Mi corazón estaba sediento de Su amor. Cada predicación de los domingos en la iglesia me llamaba a darme cuenta que el Señor estaba ahí esperándome como lo hizo siempre. Dejé todo en sus manos, y en el año 2013, después de muchas pruebas volví al camino del Señor. En un campamento de jóvenes tomé la decisión de cambiar por completo mi vida, dejar todas esas cosas que no le agradaban a Dios, entre ellas, amistades que no me edificaban, y aunque al principio me costó, Él me llenó de su amor y de sus bendiciones dándome como regalo maravilloso buenas amigas, hijas Suyas que me ayudarían a crecer día a día en Él.

Mi vida cambió por completo, mi forma de ver la vida  y las cosas, la manera de hacerlas. Si bien antes sentía que mi vida no tenía sentido, hoy el Señor le dio el sentido que le faltaba. Hoy solo quiero agradarle, amarle cada día más, servirle como agradecimiento de Su amor incondicional e inentendible a pesar de que yo le fallé. Quiero ser una hija fuerte, para que en otra prueba que tenga en mi camino pueda verla como un peldaño para mi crecimiento y no como una batalla.

Martina Pizarra, Santa Fe